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Crowdfunding

En la actualidad cada vez está más extendido el crowdfunding como método para obtener recursos económicos. Se utiliza para distintos fines, de hecho, he participado en varios crowdfunding, mayoritariamente proyectos culturales con los que se obtenía alguna recompensa por participar. Todas ellas en la web Verkami, tal vez de las más conocidas, aunque no la única. Lo que cabe preguntarse ahora, en este blog, es si el crowdfunding es un buen método para sensibilizar y movilizar.

Lo que más gusta, y es uno de los elementos clave, es ese punto de democratización económica de las acciones. Pasamos de patronos a micro-mecenas. Esto tiene una serie de ventajas para unos y otros. Como siempre he defendido, el sentimiento de utilidad de las personas participantes, además en este caso es a corto plazo. Apoyo una acción, veo como se realiza en parte gracias a mi participación. A todas las personas nos mueve el creer y sentir que estamos haciendo algo porque por muy pequeño que sea nuestro eslabón aporta a la cadena. No es solo sentirlo como propio, es sentir que lo construyes (bueno, y no solo sentirlo, si no que realmente sea así). Por otra parte, cuando algo nos cuenta, por poco que sea, nos hace sentir mayor responsabilidad y deseo de que ese algo se lleve a cabo. Invertir a saco roto no se encaja bien. La seguridad que dan las plataformas de crowdfunding es que si no se llega al objetivo te devuelven el dinero. Pero tú no quieres eso, quien invierte quiere que se lleve a cabo. Ya te has ganado a las personas. Y esas personas motivadas mantendrán el interés durante el tiempo. A cada nuevo paso que se dé lo seguirán, porque también es su proyecto. Sin duda alguna, el micro-mecenazgo es una magnífica opción en ciertos proyectos de EpD.

Eso sí, cuidado con el crowdfunding solidario, en el que micro-mecenas invierten dinero sin obtener ninguna recompensa. Esto no deja de ser el mismo perro con otro collar. Estamos pidiendo donativos como toda la vida, pero por la red. Por muy modernos que nos hayamos hecho, huele a la archiconocida hucha del Domund. O peor, porque estos al menos te daban una pegatina. ¿Qué reciben las personas que invierten en el crowdfunding solidario? Si son mucho más populares los crowdfunding que ofrecen recompensas por algo será. No tienen que ser nada valioso, pero si algo que nos identifiquen como alguien que apoya la causa. En este sistema de micro-mecenazgo según la cantidad aportada se reciben mejores recompensas. También es una forma de incentivar para que alguien no se quede en el nivel básico. Pero si vamos a recibir lo mismo si donamos 1 euro o 20 euros, optamos por lo barato, suficiente para satisfacer nuestra necesidad de colaborar y sentirnos bien.

Más allá de toda la información que envíen por e-mail con los avances en el proyecto y así seguir el proceso de la acción en la que participamos, se puede tener un pequeño detalle que nos identifique como personas que aportamos al desarrollo. Como ideas muy socorridas, puede ser una semilla para plantar un árbol, una chapa, una postal de agradecimiento, la aparición del nombre en el informe final del proyecto o una publicación que hagan llegar. No son cosas que cuesten especialmente mucho, que se puede cubrir con las propias aportaciones, y que hacen incentivar mucho más la participación.

Hay que dar un salto cualitativo. Tienen recibir algo proporcional a lo que recibimos. Cualquier cosa que pueda tener un valor especial para las personas que se animen a participar en el crowdfunding y refleje de alguna manera su aportación. Así les mantendremos con ilusión para seguir participando en más ocasiones. Recordemos que este sistema es mejor cuando se vincula a un proyecto o acción concreta, no de manera general a la actividad de una entidad. Deben conocer el final de toda la acción a través de la newsletter que reciban. Un mecenas puede ser un socio para toda la vida.

Uno entre cien mil


Hay iniciativas que son fascinantes. Y la forma de contarlo ayuda muchísimo. El vídeo de Pienso, luego actúo le hace un gran favor a la causa. Vamos a valorar la campaña desde el punto de vista de la EpD. O al menos vamos a intentarlo según lo que hemos ido viendo.

Uno entre cien mil empezó con el blog de un padre que quería ir contando el día a día de la enfermedad de su hijo. Una de esas enfermedades raras que padecen una proporción muy bajo, de ahí el nombre. Ese blog se convirtió en una Fundación, la cual actualmente consigue recaudar mucho dinero para seguir en la investigación de este tipo de cáncer.

Me gustaría destacar primero el objetivo de la Fundación, primordial y fundamental. El objetivo es desaparecer. Fantástico, creo que resume a la perfección la meta de cualquier emprendimiento social. La fundación trabaja para que llegue el día en el que no haga falta la fundación. Ese es el logro, que la leucemia se cure siempre, que no sea causa de ninguna muerte. Que cuando se diagnostique el mensaje sea “solo es…” como actualmente pasa con una conjuntivitis por ejemplo, o una gripe. Quienes profesamos en el ámbito social, más allá de la EpD creo que esto debería ser la bandera. Lo contrario sería de mercenario más que de educador. Un ejemplo fácil: querer que siga existiendo desigualdad de género para mantener nuestro puesto en la construcción de igualdad de género. Mejor vamos a intentar que no hagamos falta, ya vendrán otros objetivos. Por eso valoro su objetivo de desaparecer, como lo hace Mary Poppins cuando la familia está salvada.

La campaña en sí tiene una serie de ingredientes que la hacen fuerte. Ese vídeo, ese story telling conecta tanto con las emociones, nos acerca tanto a la vida de los protagonistas, que es imposible que no te remueva. Y más en la insistencia de proyectar en positivo. El blog está escrito desde la ilusión, aunque no pensando en el mañana. La ilusión del presente, de no estigmatizar a nadie, si no contarlo como algo más de la vida que puede incluso disfrutarse. Es vital a fin y al cabo y eso conecta con nuestra sensibilidad y nuestra felicidad al mismo tiempo. Una lágrima con una sonrisa es más fuerte que una lágrima con una culpa.

Y en relación a toda la historia que nos cuentan, se ve no solo que es posible mejorar en la enfermedad. El esfuerzo sirve para algo, mejorar es posible. En la propia carrera que cuenta profesional, en la recuperación de su hijo y en los avances que se están logrando gracias a la Fundación. A través del esfuerzo han llegado a donde están, consiguiendo casi un millón para la investigación de la enfermedad, lo que hará mejorar los tratamientos y la cura.

Solo me queda destacar con felicidad que se entienda que el Desarrollo también está en las acciones para fomentar la Salud. Recordemos que es uno de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 3) y que sin bienestar físico, mental y social no es posible alcanzar las metas que nos hemos marcado.

Publicar o no la foto de Aylan

Si habéis leído entradas anteriores, dudo mucho que lo que digo en esta os sorprenda. Seguimos con el caso de Alan, nombre real de Aylan dicho por su padre. Tras todo lo que he ido argumentando creo que se entiende que no. No hubiera publicado la foto de Aylan. Es por eso que no la he publicado ni la publicaré. Tenemos a nuestra disposición galerías inmensas realizadas con el consentimiento de quienes aparecen en ellas que pueden tener muchísimo significado y que pueden expresar más que la frivolidad del momento. En el post anterior quería reflejar de alguna manera la vicisitud con la que se encuentran las personas desplazadas en el viaje, y más cuando son menores. Todos esos complejos obstáculos que hay entre una orilla y otra (cuando no es tierra lo que hay de por medio). No es preciso exponer algo tan macabro como un cadáver real para expresar todo ello.

No es negar a nadie la realidad. No es vivir en una burbuja. Ya he comentado que el mismo mensaje se puede transmitir de muchísimas maneras. Un ejemplo muy simple y actual ¿Alguien sabe que aspecto, ropa o peinado tenía la profesora de Málaga que presuntamente ha fallecido por los efectos secundarios de la polémica vacuna de AstraZeneca? No. Y el impacto de la noticia ha sido de gran escala (no sé si mundial, pero el efecto sunami lo ha provocado como lo hizo Alan). La fuerza no está en la imagen. La fuerza está en la historia, en la noticia, en como se ha ido desarrollando cada acontecimiento. Por eso no es necesario publicar la foto de Alan, y menos que inundara las portadas. La crudeza se puede mostrar de más formas, aunque pensemos que menos efectivas. Llego a creer, que el problema está en los derechos, no de imagen, si no en los derechos que tenemos las personas humanas ¿Acaso no se respeta el cuerpo de Aylan porque tiene menos derecho que una adulta? Pues de cara a la prensa, menos respeto al menos lo parece. Aunque de Gabriel Cruz, el niño almeriense que en 2018 fue asesinado por la pareja de su padre, no recuerdo ver imágenes de su cuerpo sin vida, sí de su sonrisa en fotos familiares y esos dibujos de peces que se convirtieron en un símbolo. El pez hacía referencia a todas las aspiraciones de un niño que quería ser biólogo marino y que le encantaban estos animales acuáticos. Entonces, ¿la falta de respeto al cuerpo de Aylan es porque es menor o porque es extranjero? Es terrible en cualquier caso.

No se debería haber viralizado la fotografía de su cuerpo sin vida. Tendría que haber sido todo lo contrario. De mostrar una imagen, que hubiera sido la de un niño de 3 años, Alan, con mucha vida, con todo su esplendor en la inocencia de no saber que iba a ser de él. De esta forma el mensaje sería el de mostrar la vida que fue y hacer entender todo lo que se le arrebató a él, su familia y al mundo. Y como él miles de menores más. Visto lo sucedido con “el niño pez”, me parece que habría tenido más efecto. Hay que mostrar la vida porque los esfuerzos que hacemos en EpD no es para acabar con la muerte, si no para fortalecer a la vida, potenciarla y mantenerla. Porque con mensajes en positivo tendremos resultados positivos y porque más fuerza tiene ver como era el que ya no está que verlo tirado cuando ya no es. Como en la imagen que he escogido, como lo que debemos mantener.

Un niño es el mundo entero

Creo que todo el mundo recuerda esa imagen. Se convirtió en todo un símbolo. Alan (como afirma el padre que se llamaba su hijo) fue encontrado ya sin vida en la orilla de una playa. La patera en la que viajaba con su hermano y su madre se fue al pique y le costó la vida también estos dos como a una veintena más. Ya había pasado antes, y por desgracia ha sucedido después. Entonces, ¿por qué en 2015 la imagen de Aylan o Alan causó tal impacto? Pues justo por eso, por la imagen. Volvemos a lo comentado unas entradas atrás.

“Es necesario que se sepa”, “la gente tiene derecho a saber”. Esos alegatos son muy frecuentes, pero hay distancia entre saber y ver. Datos que tengo de 2018, de la OIM, casi 800 personas murieron o desaparecieron (que al caso es lo mismo) cuando viajaban en patera hacia España, cifra que triplica a la de 2017. Pero esos son quienes no llegan, quien sea fan de Chambao o mínimamente recuerde “Papeles mojados” sabe que no es nuevo, pueden ser más o menos los que se quedan en el camino, pero el problema no se inicia en 2015. El otro dato es que llegaron a España, en el mismo año más de 57.000 inmigrantes. Abruma la imagen de un niño muerto, la que se ha visto, la que todo el mundo analiza, la que se ha convertido en un estandarte. Mientras tanto, seis meses después se nos olvida que Alan es uno de muchísimos que no pudo llegar, y quienes llegaron muchos volvieron al punto de origen, muchos estarán vivos pero con graves secuelas (físicas y mentales) y prácticamente nadie de los que hayan logrado quedarse tendrán una vida normalizada. Ese es el auténtico drama, eso es lo que debería abrumar. Nos quedamos con una foto, un símbolo, que en principio sirve para concienciar. Pero tan rápido se expandió como se dejó de hablar. Es necesario que se sepa. Más necesario es que no se olvide. Así, por ejemplo, en 2019 no hubiera saltado la polémica de la inseguridad de vivir en un barrio con un centro de MENAs. Habría que recordarles que las personas que ahí viven no son delincuentes, si no Aylans que lograron sobrevivir al viaje.

Lo que debería conocerse, lo que realmente nos serviría es el testimonio del padre, el que se quedó, el único superviviente de una familia de cuatro miembros. Si queremos remover conciencias, es esta entrevista la que debiera utilizarse en la cada vez más denostadas acciones de sensibilización. Después de los años sigue transmitiéndose el dolor. Habrá quien lo haya tildado incluso de cobarde, ya me lo creo todo. “Manda a su mujer y a sus dos hijos a una muerte casi segura y el se queda allí”. A esas personas digo que hay que sensibilizar. Cabe preguntarse qué situación lleva a que una madre decida que lo mejor es irse con sus dos hijos dejando toda su vida atrás sin ninguna garantía. Cómo llega el matrimonio a que esa es la mejor opción dado que el trabajo de él no es suficiente para subsistir. Las familias desplazadas no son aventureros ni gente persiguiendo el sueño europeo. Su único sueño es que la situación en su país, su barrio, su entorno de origen, cambie para poder volver. Y nos tomamos la libertad de llamarles refugiados y además hacerlo de manera despectiva.

Mi experiencia como Educador Social en el Sistema de Acogida de Protección Internacional me hace ver que la historia que hay que contar no es la de la muerte. Que hay que tener en la conciencia que personas mueren en el tránsito, por supuesto (y no solo en el mar). Las historias que hay que contar es la de vida, como la del padre de Alan, personas que se ven obligadas a vivir donde no quieren y que además ha perdido a su familia por una decisión del que él también formaba parte. Dejemos de pensar que el arraigo y sentimiento de pertenencia es algo exclusivo de quienes por ahora no tenemos motivos para desplazarnos.

Dos campañas de impacto

De entre las distintas campañas que hemos visto, esta es la que me ha gustado más. Creo que es un story telling con todos sus ingredientes. Te narra una historia que remueve a nivel emocional, conectando con la parte más humana de la gran superficie de supermercados, diciendo en qué son diferentes a sus demás competidores.


Esta no está entre las que aparecen en los apuntes y raro me parece. Me encanta y quería incorporarla. "Hay un monstruo en mi cocina" mantiene la intriga hasta dar la vuelta a la tortilla. Una forma espectacular de enganchar a personas de todas las edades para denunciar un grave problema que es preciso parar y que es muy desconocido.

Espero que también te hayan gustado. Lo que más claro debemos tener es que al final gana la que más te remueva por dentro. Por eso es tan necesario saber hacer como saber contar y desde la EpD tenemos que darle cabida en nuestros equipos a profesionales del diseño, la publicidad y la comunicación.

¿Todo vale?

Tras revisar varios artículos propuestos relacionado con el uso de imágenes, creo que es preciso ser muy crítico con la utilización por parte de ONGDs para algunos objetivos claros. También con otros sectores, como es el de la moda, cuya frivolidad traspasa fronteras (en el sentido más literal de la expresión a juzgar por las fotos de esa campaña. Sigo atónito).

Directamente: no, no todo vale. Más bien: no debería. Porque valer está claro que vale. Y en este caso podríamos referirnos a diferentes acepciones. No todo vale porque no debería servir y aplicarse ciertas imágenes que buscan el sensibilizar desde la desgracia. No todo vale porque el precio a pagar es la dignidad de aquellas personas que aparecen o lo que quiere representar. Y no todo vale porque más allá de lo económico (metafórico o no) está el valor que representan, los valores que se tambalean con el uso sensacionalista de, atención, menores en muchos casos.

Y es cierto que habría que referirse a imágenes, fijas o animadas, pero imágenes. Estas cuestiones me hacen recordar por qué me gusta la radio y es lo que consumo para estar al día. Ni televisión ni prensa digital. Porque hay imágenes que es mejor no ver. No son necesarias. En otro plano, no hay que alejarse en el tiempo para recordar cualquiera de esas noticias en las que hay una filmación casera de un ajuste de cuentas y se ve claramente como cae al suelo una persona, pereciendo. O debido a la pandemia como amontonan bolsas con cuerpos sin vida porque no dan abasto con los entierros. No es necesario ver como matan a alguien para saber que la han matado o pilas de personas fallecidas anónimas para representar los problemas logísticos de una pandemia. Habrá quien piensa que le da más fuerza a la noticia, pero lo contrario tampoco le resta valor.

Pero esto no es lo peor, al fin y al cabo, es información. Lo que no debería consentirse de ninguna manera es utilizar imágenes con un fin lucrativo, por mucha ayuda humanitaria o cooperación que haya como meta. El fin no justifica los medios. Y cuando son menores los que se usan para conseguir un donativo, con caras tristes, desnutridos y mirándote con el mayor desangelo posible, casi que roza, en mi opinión, la prostitución infantil. ¿Dónde quedan los derechos de la infancia? Tampoco nos beneficia, al campo de la EpD, esa frivolidad tan casual de quienes construyen nuestras webs, en la que posan con ese aire de “todo está bien” gracias a nosotros, como si eso fuera cierto, siendo importante que las sonrisas estén en caras de un color distinto al nuestro. Da igual cuál, lo importante es no identificarse con ellos. Es preciso saber qué y cómo mostrar las realidades, pero en ciertos casos es mejor usar mil palabras.

¿Quieren usar imágenes para generar conciencia? Fotografiemos lo que hacemos desde aquí que les perjudica allí (y aquí, y en todas partes). Vamos a usar la cabeza para mover a los corazones, que la sensibilidad y el sentimiento de culpa no van a contribuir a la transformación social, si la crítica. No mostremos las consecuencias si no el problema, y si la mostramos que sea en positivo, o de manera figurada, no con fotografías de quienes sufren. Y es más, si lo que se busca es un donativo, no mostremos el problema, si no lo que se consigue con el aporte de cada persona, cómo ayuda la colaboración, que se está haciendo y que se está consiguiendo. Pensemos en positivo, convirtamos los mensajes en positivo y que las agencias publicitarias nos hagan sentir bien por lo que se puede hacer. Cambiemos las tornas, como decía Einstein, para cambiar los resultados.