¿Todo vale?

Tras revisar varios artículos propuestos relacionado con el uso de imágenes, creo que es preciso ser muy crítico con la utilización por parte de ONGDs para algunos objetivos claros. También con otros sectores, como es el de la moda, cuya frivolidad traspasa fronteras (en el sentido más literal de la expresión a juzgar por las fotos de esa campaña. Sigo atónito).

Directamente: no, no todo vale. Más bien: no debería. Porque valer está claro que vale. Y en este caso podríamos referirnos a diferentes acepciones. No todo vale porque no debería servir y aplicarse ciertas imágenes que buscan el sensibilizar desde la desgracia. No todo vale porque el precio a pagar es la dignidad de aquellas personas que aparecen o lo que quiere representar. Y no todo vale porque más allá de lo económico (metafórico o no) está el valor que representan, los valores que se tambalean con el uso sensacionalista de, atención, menores en muchos casos.

Y es cierto que habría que referirse a imágenes, fijas o animadas, pero imágenes. Estas cuestiones me hacen recordar por qué me gusta la radio y es lo que consumo para estar al día. Ni televisión ni prensa digital. Porque hay imágenes que es mejor no ver. No son necesarias. En otro plano, no hay que alejarse en el tiempo para recordar cualquiera de esas noticias en las que hay una filmación casera de un ajuste de cuentas y se ve claramente como cae al suelo una persona, pereciendo. O debido a la pandemia como amontonan bolsas con cuerpos sin vida porque no dan abasto con los entierros. No es necesario ver como matan a alguien para saber que la han matado o pilas de personas fallecidas anónimas para representar los problemas logísticos de una pandemia. Habrá quien piensa que le da más fuerza a la noticia, pero lo contrario tampoco le resta valor.

Pero esto no es lo peor, al fin y al cabo, es información. Lo que no debería consentirse de ninguna manera es utilizar imágenes con un fin lucrativo, por mucha ayuda humanitaria o cooperación que haya como meta. El fin no justifica los medios. Y cuando son menores los que se usan para conseguir un donativo, con caras tristes, desnutridos y mirándote con el mayor desangelo posible, casi que roza, en mi opinión, la prostitución infantil. ¿Dónde quedan los derechos de la infancia? Tampoco nos beneficia, al campo de la EpD, esa frivolidad tan casual de quienes construyen nuestras webs, en la que posan con ese aire de “todo está bien” gracias a nosotros, como si eso fuera cierto, siendo importante que las sonrisas estén en caras de un color distinto al nuestro. Da igual cuál, lo importante es no identificarse con ellos. Es preciso saber qué y cómo mostrar las realidades, pero en ciertos casos es mejor usar mil palabras.

¿Quieren usar imágenes para generar conciencia? Fotografiemos lo que hacemos desde aquí que les perjudica allí (y aquí, y en todas partes). Vamos a usar la cabeza para mover a los corazones, que la sensibilidad y el sentimiento de culpa no van a contribuir a la transformación social, si la crítica. No mostremos las consecuencias si no el problema, y si la mostramos que sea en positivo, o de manera figurada, no con fotografías de quienes sufren. Y es más, si lo que se busca es un donativo, no mostremos el problema, si no lo que se consigue con el aporte de cada persona, cómo ayuda la colaboración, que se está haciendo y que se está consiguiendo. Pensemos en positivo, convirtamos los mensajes en positivo y que las agencias publicitarias nos hagan sentir bien por lo que se puede hacer. Cambiemos las tornas, como decía Einstein, para cambiar los resultados.

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