Publicar o no la foto de Aylan
Un niño es el mundo entero
“Es necesario que se sepa”, “la gente tiene derecho a saber”. Esos alegatos son muy frecuentes, pero hay distancia entre saber y ver. Datos que tengo de 2018, de la OIM, casi 800 personas murieron o desaparecieron (que al caso es lo mismo) cuando viajaban en patera hacia España, cifra que triplica a la de 2017. Pero esos son quienes no llegan, quien sea fan de Chambao o mínimamente recuerde “Papeles mojados” sabe que no es nuevo, pueden ser más o menos los que se quedan en el camino, pero el problema no se inicia en 2015. El otro dato es que llegaron a España, en el mismo año más de 57.000 inmigrantes. Abruma la imagen de un niño muerto, la que se ha visto, la que todo el mundo analiza, la que se ha convertido en un estandarte. Mientras tanto, seis meses después se nos olvida que Alan es uno de muchísimos que no pudo llegar, y quienes llegaron muchos volvieron al punto de origen, muchos estarán vivos pero con graves secuelas (físicas y mentales) y prácticamente nadie de los que hayan logrado quedarse tendrán una vida normalizada. Ese es el auténtico drama, eso es lo que debería abrumar. Nos quedamos con una foto, un símbolo, que en principio sirve para concienciar. Pero tan rápido se expandió como se dejó de hablar. Es necesario que se sepa. Más necesario es que no se olvide. Así, por ejemplo, en 2019 no hubiera saltado la polémica de la inseguridad de vivir en un barrio con un centro de MENAs. Habría que recordarles que las personas que ahí viven no son delincuentes, si no Aylans que lograron sobrevivir al viaje.
Lo que debería conocerse, lo que realmente nos serviría es el testimonio del padre, el que se quedó, el único superviviente de una familia de cuatro miembros. Si queremos remover conciencias, es esta entrevista la que debiera utilizarse en la cada vez más denostadas acciones de sensibilización. Después de los años sigue transmitiéndose el dolor. Habrá quien lo haya tildado incluso de cobarde, ya me lo creo todo. “Manda a su mujer y a sus dos hijos a una muerte casi segura y el se queda allí”. A esas personas digo que hay que sensibilizar. Cabe preguntarse qué situación lleva a que una madre decida que lo mejor es irse con sus dos hijos dejando toda su vida atrás sin ninguna garantía. Cómo llega el matrimonio a que esa es la mejor opción dado que el trabajo de él no es suficiente para subsistir. Las familias desplazadas no son aventureros ni gente persiguiendo el sueño europeo. Su único sueño es que la situación en su país, su barrio, su entorno de origen, cambie para poder volver. Y nos tomamos la libertad de llamarles refugiados y además hacerlo de manera despectiva.
Mi experiencia como Educador Social en el Sistema de Acogida de Protección Internacional me hace ver que la historia que hay que contar no es la de la muerte. Que hay que tener en la conciencia que personas mueren en el tránsito, por supuesto (y no solo en el mar). Las historias que hay que contar es la de vida, como la del padre de Alan, personas que se ven obligadas a vivir donde no quieren y que además ha perdido a su familia por una decisión del que él también formaba parte. Dejemos de pensar que el arraigo y sentimiento de pertenencia es algo exclusivo de quienes por ahora no tenemos motivos para desplazarnos.
Planeta futuro
Hoy he estado visitando esta sección abierta de El País. Se podría definir en pocas palabras como “el periódico online de la Agenda 2030”. Y pese a lo que el nombre parece sugerir, más que temático es universal, pero con esa sensibilidad hacia los temas que abarcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que al fin y al cabo son todos. Es por esto que he tenido la oportunidad de leer seis artículos de lo más diferentes y relacionado con personales preocupaciones. No son publirreportajes, es información contrastada y actualizada. O bien artículos de opinión con abundante sensatez e interés general, que nos hacen reflexionar y nos dan la visión de lo que no vemos, de lo que no nos alcanza la vista, pero tenemos que visualizar en la mente.
A raíz del Día Internacional de la Mujer, nos adentramos en el activismo LGTBI de Costa de Marfil, uno de los 22 países africanos en los que la homosexualidad es legal (exacto, hay una mayoría en la que no lo es). Por otro lado, opiniones sobre la Cooperación Internacional vinculado al momento de crisis actual (¿es la cooperación una de las claves en el futuro de nuestro país?). La experiencia del BID Lab en países de Latinoamérica es increíble, una práctica desconocida y basada en la más simple de todas las lógicas. También hay espacio para la promoción de campañas, como la de “When I close my eyes” de Unicef, breves vídeos con los testimonios de ex-niños soldados (relatos tan terroríficos que duele pensar que son de verdad). Después de esto tuve la necesidad de buscar algo más esperanzador y afortunadamente di con la experiencia del uso del Teatro en jóvenes con VIH y como les ha ayudado (siempre estará hay la animación teatral como la magnífica herramienta que es para casi todo). Y ya por último, me encanto ese relato de como fue el acceso y salida de un hospital en Etiopía, seguimos con un sesgo no merecido para quienes están curtidos en pandemias. Podría haber seguido leyendo y recabando información de interés para las sesiones que realizo en institutos y otras actividades que llevo a cabo, y lo haré pues me he suscrito.
Sin duda alguna Planeta Futuro es recomendable para todas las personas. La riqueza en las temáticas hace que cualquiera encuentre algo de su interés, y todo bajo ese paraguas de concienciación y dar a conocer lo que no nos suelen contar. Ya cuento con una web de cabecera más, más bien con la primera. No conocía ninguna web semejante, será por estar acostumbrados a que este tipo de noticas me llegaran por el grupo de EpD de la CAONGD en WhatsApp. A partir de ahora podre ser de los que linkan noticias relacionadas con la Agenda 2030, sobre infinidad de realidades diferentes que nos ayudan a abrir en campo de visión y la mente.


