Uno entre cien mil


Hay iniciativas que son fascinantes. Y la forma de contarlo ayuda muchísimo. El vídeo de Pienso, luego actúo le hace un gran favor a la causa. Vamos a valorar la campaña desde el punto de vista de la EpD. O al menos vamos a intentarlo según lo que hemos ido viendo.

Uno entre cien mil empezó con el blog de un padre que quería ir contando el día a día de la enfermedad de su hijo. Una de esas enfermedades raras que padecen una proporción muy bajo, de ahí el nombre. Ese blog se convirtió en una Fundación, la cual actualmente consigue recaudar mucho dinero para seguir en la investigación de este tipo de cáncer.

Me gustaría destacar primero el objetivo de la Fundación, primordial y fundamental. El objetivo es desaparecer. Fantástico, creo que resume a la perfección la meta de cualquier emprendimiento social. La fundación trabaja para que llegue el día en el que no haga falta la fundación. Ese es el logro, que la leucemia se cure siempre, que no sea causa de ninguna muerte. Que cuando se diagnostique el mensaje sea “solo es…” como actualmente pasa con una conjuntivitis por ejemplo, o una gripe. Quienes profesamos en el ámbito social, más allá de la EpD creo que esto debería ser la bandera. Lo contrario sería de mercenario más que de educador. Un ejemplo fácil: querer que siga existiendo desigualdad de género para mantener nuestro puesto en la construcción de igualdad de género. Mejor vamos a intentar que no hagamos falta, ya vendrán otros objetivos. Por eso valoro su objetivo de desaparecer, como lo hace Mary Poppins cuando la familia está salvada.

La campaña en sí tiene una serie de ingredientes que la hacen fuerte. Ese vídeo, ese story telling conecta tanto con las emociones, nos acerca tanto a la vida de los protagonistas, que es imposible que no te remueva. Y más en la insistencia de proyectar en positivo. El blog está escrito desde la ilusión, aunque no pensando en el mañana. La ilusión del presente, de no estigmatizar a nadie, si no contarlo como algo más de la vida que puede incluso disfrutarse. Es vital a fin y al cabo y eso conecta con nuestra sensibilidad y nuestra felicidad al mismo tiempo. Una lágrima con una sonrisa es más fuerte que una lágrima con una culpa.

Y en relación a toda la historia que nos cuentan, se ve no solo que es posible mejorar en la enfermedad. El esfuerzo sirve para algo, mejorar es posible. En la propia carrera que cuenta profesional, en la recuperación de su hijo y en los avances que se están logrando gracias a la Fundación. A través del esfuerzo han llegado a donde están, consiguiendo casi un millón para la investigación de la enfermedad, lo que hará mejorar los tratamientos y la cura.

Solo me queda destacar con felicidad que se entienda que el Desarrollo también está en las acciones para fomentar la Salud. Recordemos que es uno de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 3) y que sin bienestar físico, mental y social no es posible alcanzar las metas que nos hemos marcado.

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